La resolución judicial que confirma la mentira de Nicole Neumann

La resolución judicial que confirma que Nicole Neumann mintió cuando denunció la tentativa de robo en la zona de Quilmes. Ahora la modelo y sus testigos quedaron procesados por falso testimonio y por falsa denuncia.

 

///mes, 10 de febrero de 2011.

AUTOS Y VISTOS:
Para resolver en la presente investigación penal preparatoria N° 13-00-006544-10;

Y CONSIDERANDO:
Que con fecha 1º de abril de 2010, se iniciaron las presentes actuaciones, de oficio, en razón de que personal policial advirtió que la Sra. Nicole Unteruberbacher -Nicole Neumann-, se encontraba formulando ante los medios de comunicación declaraciones en las que manifestaba que el día 31 de marzo de 2010, en horas de la noche, resultó víctima de lo que conforme su descripción, se trataba de una tentativa de robo con arma de fuego ocurrida en esta ciudad, sin que quedara claramente establecido el lugar exacto de comisión.

A partir de entonces, se desarrolló la presente pesquisa que, adelanto, ha generado en mi criterio la convicción de que el robo tentado en cuestión, nunca existió.

Según la versión de las presuntas víctimas, en el momento de los hechos se hallaban en el interior de un vehículo Ford modelo Eco Sport, su dueño, conductor y custodia armado, José Héctor Arroyo, en el asiento de acompañante el representante de la modelo Mauricio Luis Curaba, y en la parte trasera, la propia Unteruberbacher.

Siempre según ellos, habrían arribado a una esquina, donde la camioneta debió detener su marcha por hallarse el semáforo en rojo, y en esas circunstancias, desde un grupo de jóvenes se desprendió uno de ellos, armado, quien primero golpeó con el arma que portaba el vidrio trasero donde se hallaba Unteruberbacher, y luego se dirigió a la ventanilla delantera del acompañante, expresando, según Unteruberbacher, “a este te lo mato, a este te lo mato” (fs. 44), y según Arroyo, se dirigió a Curaba indicándole “baja el vidrio porque los quemo” (fs. 15), lo que motivó que Arroyo extrajera su arma, obligara a Curaba a agacharse, y le refiriera al asaltante “tomatelas porque te quemo yo”, apuntando el asaltante a la espalda de Curaba, de manera desafiante, expresando “no la compliques mas porque lo quemo”. Que luego el asaltante ingresó su mano izquierda golpeando a Arroyo en su mano derecha, con la que éste sostenía su arma, para seguidamente alejar su cuerpo unos centímetros de la puerta. Allí apuntó hacia Arroyo con su arma, lo que motivó que Arroyo le efectuara un disparo por encima de su cabeza, causando la fuga de todos los sujetos.
Como se advierte, resulta absolutamente inverosímil la actitud que dice Arroyo haber adoptado.

Arroyo no podía desconocer cómo desenvolverse adecuadamente en ese tipo de situaciones extremas, puesto que ha sido Sargento Primero de la Policía Federal Argentina, hasta su jubilación el año anterior a los hechos investigados.

Y sin embargo, ante un sujeto munido de un arma de fuego que apuntó con la misma en primer lugar a Curaba, refiriendo que lo mataría, y luego al propio Arroyo, éste, en lugar de procurar ultimarlo antes de que el asaltante hiciera lo propio con él, decidió efectuar un disparo meramente disuasivo, ante quien mantuvo su integridad física y entonces tuvo ocasión de darle muerte tal y como lo había prometido instantes antes. Puede concluirse sin mayor esfuerzo, que para creerle a Arroyo, debe considerarse que a pesar de su vasta experiencia como policía,  incurrió en un obrar suicida.
Dicho absurdo, se ve reflejado en el acta de levantamiento de evidencias físicas efectuado sobre la camioneta de Arroyo, obrante a fs. 37/41, pues si Arroyo, como él mismo lo indicó, llevó a cabo un disparo en el interior de la camioneta, no es posible que al día siguiente del suceso no se hallaran rastros de pólvora en el interior del automotor.

Asimismo, el ruido del disparo de una pistola Bersa Thunder modelo 380, en el interior del habitáculo de una camioneta prácticamente cerrada, no puede dejar de ser ensordecedor, y sin embargo Unteruberbacher dice no poder precisar el lugar de donde venía el disparo, y Curaba, dice que fue por arriba de él, a unos cincuenta centímetros de su cabeza, lo que da una posición de disparo casi imposible o por lo menos innecesariamente incómoda para Arroyo. Lo determinante, es que ninguno de los dos testigos presenciales del disparo, Unteruberbacher y Curaba, hacen referencia a una explosión ensordecedora que no pudieron dejar de haber notado con motivo del disparo, más aún Curaba, quien la habría escuchado a escasos centímetros de al menos uno de sus oídos.
Eso sólo en cuanto a la mendacidad que se desprende del relato de las presuntas víctimas.

Marcelo Fabián Fedoto, sostuvo a fs. 12/Vta., que el día de los hechos conducía un vehículo Jeep, con el cual guiaba a Arroyo y sus acompañantes, desde la Capital Federal, hasta el local de esparcimiento nocturno El Bosque, donde Unteruberbacher debía efectuar su compromiso laboral.

Señaló Marcelo Fabián Fedoto (fs. 12/Vta.), que ya en Quilmes, y habiendo bajado de la autopista de Buenos Aires a la Plata, el conductor de la camioneta que lo seguía, Arroyo, le dijo que lo guiara nuevamente a la autopista, porque no llegaban a horario a su compromiso. Fedoto no advirtió el hecho de robo investigado, y el conductor Arroyo le expresó que los quisieron robar, “te tiraron un par de tiros a vos pero no te diste cuenta”, insistiendo en que quería retornar a la autopista, a través de una versión de los hechos que difiere substancialmente con la brindada en el expediente bajo juramento de decir verdad. Puntualmente, y como lo señaló en los medios de comunicación, Fedoto expresó a María Celeste González, que no pudo no haber visto el robo investigado, puesto que en todo momento estuvo cerca de la camioneta de Arroyo. Por otra parte, sí Fedoto los guiaba a través de una zona que desconocían quienes se hallaban a bordo de la camioneta, lo lógico es que nunca se perdieran de vista unos de otros, y no al revés como pretenden  Curaba, Arroyo y Unteruberbacher.

Que la testigo María Guadalupe Llano (fs. 129/131 Vta.), organizadora del evento al que debía asistir Nicole Neumann, señaló que más o menos a las 20.30 Hs. del día de los hechos, se comunicó vía handy con Maruricio, el manager de la modelo, y éste le dijo “Guada, nos volvemos porque Nicole está cansada y es un caos de tránsito”. Como respuesta, Llano intimó seriamente al representante a cumplir su compromiso, aunque tuviera que llegar más tarde, recibiendo como respuesta que en realidad se trataba de una broma.

Que aproximadamente unos quince o veinte minutos más tarde, siempre por handy, Llano recibió un mensaje de Curaba en el que expresaba: “nos están tiroteando, nos están persiguiendo, esto es un caos, Nicole está en estado de shock, después te llamo, después de llamo”. Otra versión de uno de los ocupantes de la camioneta, esta vez Curaba, que difiere substancialmente de la brindada por él mismo bajo juramento de decir verdad en el presente proceso.

El día 28 de mayo de dos mil diez, prácticamente tres meses después de iniciada la instrucción, el Sr. Curaba y su letrada ofrecieron como testigo a Lizzi Tagliani, sin hacer mención a que ésta tuviera en su poder un mensaje de texto enviado por Unteruberbacher el día de los hechos.

Citada por el suscripto a declarar, el día 13 de octubre de 2010, se presentó Edgardo Luis Rojas (Lizzi Tagliani), afirmando que tras la tentativa de robo, recibió dos mensajes de texto a su teléfono celular, proveniente del de Unteruberbacher, y que todavía los tenía guardados, confeccionándose el acta de fs. 212, donde con el teléfono 0111533516411 a la vista se determinó que el mensaje, fechado como recibido el día 31 de marzo de 2010 a las 21.33 Hs., desde el abonado 1162915193, expresaba: “D la q zafast! nos kisieron robar c arma llegando y el poli mio tuvo q disparar!!!”.
Sin embargo, el informe de la D.A.I.C., arrojó como resultado que desde el abonado 1162915193, en el horario en que Rojas dice haber recibido los mensajes, no se envió ninguno.

La respuesta, sin perjuicio de que se justifique la realización en el marco de otro proceso, la consulta técnica correspondiente, parece indicar que los mensajes de texto son adulterados y se crearon días o meses después del hecho, para para presentar en el marco del presente proceso, y tratar de reforzar la credibilidad de la versión de Arroyo, Curaba y Unteruberbacher.
De todos modos, su autenticidad o no, no varían el criterio del suscripto acerca de la mendacidad en que pudieron incurrir los testigos.

Párrafo aparte merece el relato de Juan Manuel Manso (fs. 52/54), quien expresó que observó los hechos investigados, o por lo menos los que él cree que eran, señalando que observó cuatro sujetos masculinos, que iban por Avda. La Plata en dirección al norte, y dos de ellos fueron directamente hacia una camioneta Eco Sport, uno hacia el lateral derecho de la camioneta, y el restante en la calle, a la altura del capot. Este último, armado, fue hacia la puerta delantera izquierda del vehículo, y golpea el vidrio levantado. Más adelante vio que el vidrio de esa puerta estaba bajo, y que el sujeto armado forcejeaba con el chofer, teniendo medio cuerpo dentro del automotor. Obviamente, su versión es incompatible con la de las presuntas víctimas, quienes mencionan un sólo asaltante del lado derecho de la camioneta, que en ningún momento forcejeó con el chófer Arroyo en la ventanilla del conductor, ni mucho menos se hizo mención a que dicho sujeto de parara delante de la camioneta a la altura del capot. Nótese además, la falta de coincidencia entre la posición de la camioneta Eco Esport detenida por el semáforo en rojo, en cuanto a las filas de autos que la precedían, según se trate del relato de Arroyo (v. croquis de fs. 17) o de Manso (fs. 55). También Manso se contradice abiertamente con lo manifestado por él mismo ante los medios de comunicación en la puerta de la Comisaría Quilmes Primera, antes de ingresar a prestar declaración testimonial (v. transcripción de fs. 182).

En síntesis, todo indicaría que Nicole Unteruberbacher, por motivos personales no quiso cumplir con su compromiso laboral, razón por la cual su representante se comunicó vía handy para referir que retornaban a la Capital Federal, y ante la actitud firme de Llano, no dispuesta a aceptar las excusas brindadas, inventaron una nueva excusa, esta vez una tentativa de robo que nunca existió, lo que llevó a Curaba a referir a Llano que les estaban disparando, y a Arroyo a señalar a Fedoto, que a éste último también le habían disparado, versiones incompatibles con las brindadas en este proceso por los propios Curaba y Arroyo. El relato inverosímil continuó por la falta de mención a un ruido ensordecedor que no pudieron haber dejado de notar los ocupantes de la camioneta, si es que Arroyo realmente hubiera disparado dentro de ella con su arma de guerra; no es razonable que no quedaran restos de pólvora en el interior del vehículo de haber acontecido los hechos de esa manera; la actitud del experimentado Arroyo en el supuesto robo fue llamativamente negligente, pues pese a su condición de policía retirado no disparó hacia la humanidad de quien lo apuntaba con lo que parecía ser un arma de fuego y podía darle muerte inmediatamente ante ese ridículo disparo meramente disuasorio.
Lo manifestado por Manso sólo aporta más confusión, y en el contexto indicado, no puede dejar de llamar poderosamente la atención que en ningún momento las presuntas víctimas decidieran efectuar la correspondiente denuncia ante la autoridad policial o judicial, no obstante la decisión de Unteruberbacher de informar el suceso inexistente ante los medios de comunicación.

Por todo lo expuesto, corresponde archivar la presente investigación, debiendo extraerse copias de las actuaciones, a fin de que se investigue la posible comisión del delito de falso testimonio (CP, 275 1º párr.), por parte de José Héctor Arroyo, Nicole Unteruberbacher, Mauricio Luis Curaba, Juan Manuel Manso, José Manuel Manso, y Edgardo Luis Rojas, debiendo investigarse a este último también por el delito de encubrimiento (CP, 277 1º párr., apartado a).

Por ello;
RESUELVO:

I) ARCHIVAR las presentes actuaciones, de conformidad con lo normado en el artículo 268 párrafo cuarto del Código Procesal Penal, por los motivos expuestos en el considerando.

II) Notifíquese al particular damnificado y demás personas que revistieran calidad de víctimas.

III) Comuníquese al  Sr. Juez de Garantías interviniente.

IV) Extráiganse copias de la totalidad de las presentes actuaciones, y remítanse las mismas a la Secretaría de Registro y Asignaciones del Ministerio Público Fiscal, a fin de que se investigue la posible comisión de los delitos enumerados en el último párrafo del considerando.

Gentileza: Radio La Red, Ciudad GótiK.

 

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